Amor y memoria en la familia romana: una inscripción del Vicus Caprarius

 

por Ilaria Di Bucci

Vicus Caprarius

Traducción del original en lengua italiana.

Con motivo de San Valentín solemos asociar el amor con su dimensión romántica. En la sociedad romana, sin embargo, los vínculos afectivos adoptaban formas diversas y estaban estrechamente relacionados con la estructura jurídica y social de la familia.

Las relaciones se fundamentaban en el respeto, la pertenencia y la responsabilidad mutua. La familia constituía uno de los pilares de la organización social romana. La autoridad recaía en el ascendiente masculino de mayor edad, el pater familias, titular de amplios poderes jurídicos: la patria potestas sobre hijos y descendientes; la manus maritalis sobre la esposa; y la dominica potestas sobre el conjunto del núcleo doméstico, incluidos los esclavos y los bienes familiares.

Con el paso de los siglos, aunque este marco jurídico permaneció formalmente inalterado, las prácticas y las sensibilidades evolucionaron. Junto a la dimensión normativa de la patria potestas, las fuentes literarias y epigráficas documentan profundos lazos afectivos entre padres e hijos.

En el De officiis (“Los deberes”), Cicerón escribe: «El vínculo de sangre mantiene unidos a los hombres por medio de la benevolencia y el amor» (I, 55). La centralidad de la familia también se percibe en su epistolario, donde aparecen frecuentes referencias a su hija Tulia. Llamada cariñosamente Tulliola, recibió una educación esmerada y es descrita como sensible, culta y devota. Tras su muerte prematura en el año 45 a.C., las cartas de Cicerón transmiten un dolor paterno intenso y sincero.

En el siglo II d.C., durante la época antonina, esta sensibilidad se hace aún más evidente. Aunque la patria potestas se mantiene intacta desde el punto de vista jurídico, las fuentes literarias y epigráficas sugieren un modelo paterno cada vez más vinculado al cuidado, la educación y la preservación de la armonía familiar.

Un testimonio material de esta evolución se conserva en las vitrinas del Vicus Caprarius. Un fragmento de urna cineraria en mármol lunense, fechado en torno al siglo II d.C., lleva una inscripción dedicada a un hombre llamado Euphrosynianus (o, según otra lectura, Euphrosynus).

Fragmento de urna cineraria en mármol lunense – Foto: Francesco Rotondo © Vicus Caprarius – Todos los derechos reservados

La inscripción indica que la dedicación fue promovida por su esposa y su hija. Este dato es significativo. Las iniciativas conmemorativas femeninas, ampliamente documentadas en la epigrafía romana, reflejan una participación activa en la construcción de la memoria familiar. Clodia Leda y su hija (cuyo nombre puede integrarse como Chreste, Chrema, Chronia o Chresis) confían el nombre del difunto a la permanencia de la piedra.

Más que un gesto privado, la inscripción constituye un acto formal de memoria en el que se entrelazan la esfera íntima y la representación social.