El mortero hidráulico del castellum aquae: nuevas perspectivas desde la investigación arqueométrica

 

por Lorenzo Dell’Aquila

Dir. Área Arqueológica Vicus Caprarius

Traducción del original en lengua italiana.

El castellum aquae —la cisterna de distribución del Acueducto Virgo descubierta durante las excavaciones del Vicus Caprarius— constituye un valioso testimonio del elevado nivel tecnológico alcanzado por los ingenieros romanos en la construcción de las grandes obras hidráulicas.

En el marco de las actividades de investigación desarrolladas en colaboración con el Laboratorio GeomLab de la Universidad Sapienza de Roma, los análisis arqueométricos realizados sobre los revestimientos de la estructura han permitido reconstruir la composición y las propiedades del mortero hidráulico utilizado para impermeabilizar sus muros, confirmando el empleo de una de las tecnologías constructivas más avanzadas del mundo romano.

Los estudios petrográficos y mineralógicos han confirmado el uso de un mortero hidráulico de elevada calidad, capaz de impermeabilizar las superficies, proteger las fábricas murarias y garantizar la durabilidad de la estructura durante más de dos mil años.

Con el fin de profundizar en las características de este revestimiento se analizaron dos muestras de mortero: una procedente de la zona que ha permanecido constantemente sumergida y otra tomada de un sector que se ha conservado en condiciones secas. La observación microscópica y los análisis mineralógicos permitieron reconstruir la composición del mortero, evaluar la calidad de su elaboración y comprender los procesos responsables de su extraordinario estado de conservación.

Los resultados muestran que ambos revestimientos fueron elaborados siguiendo la consolidada tecnología constructiva romana, basada en el empleo de cal y puzolana, la arena volcánica característica de la región del Lacio. En el mortero se identificaron fragmentos de puzolana roja, cerámica triturada, rocas volcánicas y minerales como cuarzo, piroxenos y leucita, todos ellos materiales fácilmente disponibles en el entorno.

Microfotografías obtenidas con luz polarizada plana (PPL) y con nícoles cruzados (XPL) del aglomerante, caracterizado por calcita micrítica y fases amorfas de tonalidad más oscura, con tendencia verdosa. Asimismo, se observa la variabilidad del agregado, constituido principalmente por fragmentos de puzolana roja y cristales de piroxeno.

La relación entre aglomerante y áridos, de aproximadamente 1:3, aporta asimismo información de gran interés. El aglomerante, constituido por la cal, es el componente que cohesiona la mezcla, mientras que los áridos comprenden la puzolana y los demás materiales minerales que conforman su estructura. Esta proporción, especialmente equilibrada, pone de manifiesto el cuidado con el que fue preparado el mortero. La distribución homogénea de sus componentes y la escasa presencia de defectos microestructurales confirman, además, el elevado nivel de ejecución alcanzado por los artesanos romanos.

La muestra procedente de la parte sumergida presenta una mayor cantidad de fases amorfas hidráulicas, es decir, compuestos carentes de una estructura cristalina ordenada que se forman durante la reacción entre la cal y la puzolana. Estas fases confieren al mortero sus propiedades hidráulicas, permitiéndole endurecer y conservar su resistencia mecánica incluso en contacto permanente con el agua. Su presencia desempeñó un papel decisivo en la extraordinaria durabilidad del revestimiento a lo largo de los siglos.

Detalle al microscopio óptico de una inclusión de puzolana roja con cristales de leucita, observada con luz polarizada plana (PPL) y con nícoles cruzados (XPL). Este tipo de agregado se encuentra entre los más comunes en los morteros hidráulicos de la región del Lacio.

Esta investigación aporta un nuevo elemento al conocimiento del patrimonio arqueológico conservado en el Vicus Caprarius y contribuye a comprender mejor la historia de este lugar y su relación con la ciudad de Roma. Proyectos como este ponen de manifiesto que la valorización de un yacimiento arqueológico no concluye con su apertura al público, sino que continúa a través de la investigación científica, el estudio permanente y la difusión del conocimiento.